ESPAÑA | EL MERCADO MAYORISTA DE LA LUZ HA FIJADO PRECIOS HISTÓRICOS EN ENERO Y FEBRERO

La factura de la luz en España compite por ser la más opaca y cara del mundo

Por CARLOS ALBERTO SÁNCHEZ PONTÓN. 01/03/2017

Los expertos aconsejan mudar el sistema del mercado mayorista en el que la energía nuclear, el gas, y las renovables, como las hidroeléctricas, tendrían un precio fijo todo el año.

  • Tendido eléctrico de alta tensión / Fotografía de Jberrosl
    Tendido eléctrico de alta tensión / Fotografía de Jberrosl
  • Parque eólico en España / Fotografía de Jesús Martínez
    Parque eólico en España / Fotografía de Jesús Martínez
  • Central Hidráulica. Presa de Riaño en Crémenes (León) / Fotografía de  Felipe Gabaldón
    Central Hidráulica. Presa de Riaño en Crémenes (León) / Fotografía de Felipe Gabaldón
  • Central Térmica de Meirama (A Coruña) / Fotografía de Pilar Ponte
    Central Térmica de Meirama (A Coruña) / Fotografía de Pilar Ponte
  • Central Nuclear de Trillo (Guadalajara) / Fotografía: Rodrigo Gómez Sanz
    Central Nuclear de Trillo (Guadalajara) / Fotografía: Rodrigo Gómez Sanz
  • Jorge Morales, ingeniero y miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético
    Jorge Morales, ingeniero y miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético
  • Francisco Valverde Sánchez, analista del sector eléctrico
    Francisco Valverde Sánchez, analista del sector eléctrico
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Enero ha sido el mes más caro de la historia de España a la hora de pagar el recibo de la luz. ¿Qué justifica este récord? España es uno de los países de Europa más caros por el pago del consumo eléctrico. ¿Tiene nuestro país una de las rentas per cápita más altas de Europa para soportar ese peso? Este mes de febrero, comparativamente con otros meses de febrero, también ha cogido el mismo rumbo que enero y va camino de convertirse en uno de los febreros más caros de la historia. A pesar de que llueve considerablemente desde que empezó el segundo mes del año sus efectos apenas se ven el sector mayorista. A pesar de que ha hecho mucho viento, hace unas semanas hemos pasado varios temporales que incluso han causado numerosos desperfectos a lo largo de la península no se han notado efectos a la baja en el precio de la energía, al menos como se espera en esta época del año. ¿No deseaba el Gobierno la lluvia y el viento como los dos elementos imprescindibles y necesarios para lograr una considerable bajada de los precios? Una cosa es el mensaje que se ha pretendido dar. Frases como efecto placebo. Pero a la vista, los precios siguen doliendo porque siguen siendo altos si los comparamos con otros meses similares de años anteriores.

Enero y febrero, son los meses por excelencia de las rebajas, en donde todo baja, se pone de saldo. Pero para la luz la tendencia este año en particular han sido meses muy caros. Las comercializadoras y las distribuidoras están haciendo su agosto este invierno más que nunca.

En diciembre de 2013, José Manuel Soria, a la sazón, ministro de Industria y Energía, tuvo que intervenir en el sector eléctrico porque las compañías se estaban desmesurando, gracias a unas exageradas subastas. Los precios subían como la espuma. Las subidas fueron tan escandalosas y supusieron una sangría tan grande en plena crisis económica, que afectaba sobre todo al tejido productivo, que el Gobierno intervino frente al abuso. Por orden gubernativa las subastas de la energía trimestrales quedaron suspendidas hasta conseguir recomponer un nuevo modelo que calculase un precio para la luz más justo. Meses más tarde, Soria inventó el modelo de la tarificación hora a hora. Es decir, cada hora un precio. Para el consumidor una locura, sobre todo para poder controlar sus consumos y entender la factura. Con esta modalidad podría encontrarse con 24 precios diferentes cada día que multiplicado por 30 días podía suponer 720 tarifas horarias.

El gobierno pretendía garantizar con el nuevo sistema que en las horas de menor demanda, es decir, de madrugada, el consumidor pudiese pagar los mejores precios. Es decir, poner la lavadora de madrugada, planchar por la noche, arrancar el lavavajillas a horas intempestivas... Este sistema, hoy en vigor, supone disciplina y convertirse en una abuelita para hacer frente a los encarecidos precios de la luz. Las previsiones del Gobierno, ¿se han cumplido? Sin ir más lejos, hace sólo unos días -el 18 de Febrero-, “la hora más cara de la semana en el mercado mayorista fue curiosamente entre las doce de la noche a la una de la madrugada. Pero es cierto que se este ejemplo se sale de lo normal. Ha sido una excepción”, matiza Francisco Valverde Sánchez, consultor energético y analista del comportamiento del sector eléctrico, también conocido en Twitter como @FranValverdeS. A través de esta cuenta informa a diario de todos los pormenores del precio de la luz. Curiosamente, hay un grupo de analistas que apuestan qué precio de la luz pondrá la industria, anticipándose a cuál va a ser el comportamiento real del sector.

A Francisco Valverde Sánchez le llama la atención qué está pasando en particular con este mes de febrero, que a pesar de haber desaparecido de los titulares, las portadas de los telediarios y de las primeras planas de los periódicos, la comparativa en términos relativos con el mes de enero está siendo muy superior. Es más, merecería un seguimiento tan puntual como el que ha tenido el mes anterior porque “casi estamos peor ahora que en enero. Enero tuvo un valor absoluto muy alto, con un precio un 76,2% superior a otros meses de enero. Pero este febrero es un 81,5% superior a otros meses de febrero anteriores. Es decir, la subida del segundo mes del año 2017 es mayor aún que en el de enero. El precio que se ha fijado cada día de febrero ha sido, curiosamente, más bajo que los establecidos durante el mes de enero”, insiste el ingeniero. «Ahora mismo -añade Valverde en el momento de hacerse la entrevista para este reportaje- febrero está en 52,7 euros KWh. El 25 de enero llegó a precios de 101,99 euros kWh y la media estuvo en 71,49 euros kWh. Pero el peso de esos 52,7 euros kWh de este febrero, respecto a los últimos tres febreros, es un 81,5% superior. Esto es, son 5,3 puntos porcentuales por encima de la subida del mes de enero», señala el experto consultado por ColumnaCero.

factura doméstica de la luz
Para encontrar una factura más cara para un febrero hay que remontarse, de momento, al año 2013 y si comparamos con medias de los 3 últimos años, esta ha sido la evolución. (Pincha en la imagen para agrandarla)
Autor: Francisco Valverde Sánchez / @FranValverdeS


diferencia de factura en los meses de 2016/17 y la media de sus 3 últimas homólogas
En la gráfica 3 se puede ver que en el 2016 realmente las facturas son notablemente más caras a lo normal. la primera se dio en diciembre. En enero se disparó y en febrero sigue siendo muy alta, aunque menos que en enero, al contrario que en el mercado mayorista de electricidad en que febrero, comparativamente a la media de los 3 últimos años, está siendo peor que enero (pasa de ser superior un 76,2% a un 81,5%). (Pincha en la imagen para agrandarla)
Autor: Francisco Valverde Sánchez / @FranValverdeS

Desde enero, hasta abril y mayo, el mercado cae normalmente en picado, porque son meses de gran aporte de energía producida por fuentes renovables. Suele haber mucho viento y agua. El coste de aprovechar el agua para producir energía es barato. Valverde apunta a que el mercado se está comportando de forma diferente al comienzo de este año 2017. “Está siendo complicado porque el que hace bajar el precio de la energía de manera continuada es el agua y no el viento. Cuando hay mucha agua acumulada soltar agua es barato. Y la que se genera con los ríos suele ser mucho más barata. Pero las centrales instaladas en los grandes embalses del país suelen jugar con el coste de oportunidad. De modo que si hay poca agua embalsada el precio sube. Lo normal es que los embalses empiecen a recuperar agua todos los años a partir de septiembre y comiencen a soltar el agua almacenada durante el primer semestre del año. Hasta la primera semana de febrero, los embalses no empezaron a coger agua. Si deja de llover otra vez, volvemos a dejar de embalsar agua. Y esto sí que va a ser verdaderamente preocupante. Llevamos cuatro meses de retraso para que el agua sea de verdad barata para el coste de la energía de todo un mes o todo un trimestre. El viento ayuda a bajar los precios, pero menos días que el agua. Por tanto, el agua es lo que hace contener realmente el precio durante el mes o un trimestre”, revela Francisco Valverde Sánchez.

¿Cómo funciona el mercado de la luz?

Entender cómo pagamos la luz en España es realmente complejo. No basta sólo con entender la factura que llega a nuestros hogares, un verdadero jeroglífico, que está lleno de costes ocultos y que el consumidor no es consciente que está pagando.

El sistema eléctrico comienza a ser complejo desde su origen. Desde el momento de su generación, todo está organizado para que las grandes centrales eléctricas del país tengan la sartén por el mango. La tecnología para producir energía eléctrica en España es diversa. Para volcar en la red toda la energía que consume el país se precisa de centrales de gas, carbón y las nucleares. Y después están las grandes corporaciones que generan electricidad a partir de las renovables, como las centrales hidroeléctricas y, por supuesto, la que proviene de los parques eólicos. Hay otras alternativas, minoritarias, y que no están concentradas en manos de las grandes industrias, como las plantas solares y las centrales de biomasa, entre otras. Cada día España tiene que cubrir una demanda de energía que sea capaz de soportar todo el consumo de la industria, el comercio, las áreas comerciales, el alumbrado público de todas las ciudades, carreteras, hospitales y, claro, la demanda de todos los hogares del país. Pero no hay una única tecnología capaz de satisfacer toda la energía nacional necesaria. Para conseguir cubrir cada día la demanda se necesita una combinación de todo el sector productivo eléctrico, lo que se llama el mix eléctrico. Por tanto, cada día las centrales ofertan al mercado mayorista la energía producida. La mezcla de todas las tecnologías existentes, combinadas, cubren el total de la demanda. La última central oferente es la que marca el precio de todas las demás energías que entran en el sistema. Así es como funciona el mercado mayorista: “El precio lo fijan las centrales de producción de electricidad. Lo que ocurre es que van todos los días al mercado de la energía y ofertan su precio. Y el precio que ofrece la última central que entra en el sistema es siempre la más cara en cada momento, en función de la demanda de energía que existe. Y ese precio, el más caro que entra en el sistema, es el que determina el precio que cobran todas las demás industrias que venden su energía. Es decir, todas cobran el mismo precio. No está fijado, por tanto, en función de lo que oferta cada una de ellas, sino que el precio que se fija va ligado al más cara de cada momento”, detalla Jorge Morales, ingeniero industrial y emprendedor en el sector eléctrico.

En España, el precio de la luz está sujeto a un «chantaje encubierto», en opinión de muchos expertos. El consumidor ni se puede imaginar, ni es consciente, de cómo la industria se aprovecha de la situación y del pulso que existe entre las diversas tecnologías disponibles para completar los kilovatios hora necesarios de cada día. «El precio más caro, normalmente, es el del gas. Ahora bien, en los últimos días de enero lo que hemos visto es que el precio más caro lo han fijado las hidroeléctricas. Porque esa tecnología además tiene una particularidad. Estas centrales pueden almacenar energía en forma de agua. Por tanto, la oferta de la energía hidráulica se comporta en función del coste de oportunidad. Es decir, si tienen agua para producir electricidad, la tienen guardada durante unos días y hacen el siguiente planteamiento: ¿si no tuviésemos agua quién produciría energía en nuestro lugar? Imaginémonos que la respuesta en ese momento es el gas. Bueno, pues las centrales hidráulicas ofertan al precio del gas la producción de ese día. Esto es justo lo que ha pasado en los últimos días de enero. Por tanto, lo que se supone que es la energía más barata del mercado se ha convertido por coste de oportunidad en una energía cara, la más cara», desvela Jorge Morales.

Es decir, el mercado no es realmente competitivo. El precio está sujeto a los intereses que manejan en cada momento las distintas centrales del país, que calculan la oferta y la demanda previsible al máximo beneficio posible. Es una industria que juega con ventaja porque sabe que el país las necesita sí o sí. La energía es la que mueve toda la actividad comercial e industrial. Y sin luz la sociedad actual quedaría absolutamente paralizada.

¿Qué ha pasado durante los mismos días en Europa?

España es el tercer país más caro de Europa cuando produce energía. Pero lo realmente curioso es que en gran parte de Europa a pesar de que el precio kilovatio hora ha sido mucho más alto, incluso el doble, que en España, el resultado final en la factura no ha tenido el mismo impacto. De modo, que la factura española se convirtió en una de las más elevadas de toda la Unión Europea.

“Estamos por encima de la media de los 27 y justo por encima de los 28 de la Unión Europea. Además, si lo ligamos al poder adquisitivo, el ultimo análisis reflejaba que España estaba muy a la cabeza», comenta Francisco Valverde, consultor energético y analista del mercado eléctrico. Si la foto fija la realizamos con el mes de enero y la comparamos con otros países, podemos comprobar situaciones realmente perplejas. Por ejemplo, con Portugal. “Con ellos -dice Francisco Valverde- compartimos mercado mayorista. O sea, el coste de la energía es el mismo, pero nuestra factura es ligeramente más cara que la portuguesa. Pero hay que recordar que, por ejemplo, el IVA en Portugal es del 23%, un 2% más que en España y meten una cantidad de impuestos muy raros. Es un saco sin fondo donde meten hasta impuestos audiovisuales. A pesar de todo, es curioso el caso porque sumando todos los extras en España se paga más por la luz que en Portugal», razona Francisco Valverde. También con Gran Bretaña la comparativa es odiosa. “Un ejemplo lo podemos ver con la factura inglesa. La factura española es un 30% más alta que la inglesa. Allí, por ejemplo, sólo hay un impuesto en su factura, que es el equivalente a nuestro IVA. Allí es del 5%. Y aquí en España, sólo el impuesto eléctrico ya es más de ese 5% y sobre ese 5%, además, hay que sumar el 21% de IVA», puntualiza el ingeniero.

Francisco Valverde ha sido uno de los primeros en realizar este tipo de comparativas por países. Lo calculó para la asociación ANAE. “La conclusión es que el recibo español es uno de los más caros de Europa. Y si además lo calculamos en función del poder adquisitivo de cada país, la situación empeora aún más», comenta Valverde.

En Canadá, por ejemplo, la energía es un bien de utilidad pública y las empresas eléctricas son públicas. El coste de su energía es de las más baratas del mundo.

La clave para poder controlar el precio para que éste sea justo y competitivo es que quien tiene la tarea de vigilar “tenga realmente ganas de hacerlo. Si hay ganas se hace. Porque a energía, el gas, el gasoil, la energía en general es un medio de recaudación muy importante”, señala.

¿Dónde está el truco?

El coste de oportunidad que maneja el sector eléctrico es el que ha hecho desequilibrar el mercado a su favor. La conclusión para los expertos independientes es un cambio de modelo que haga que el mercado sea verdaderamente competitivo. Jorge Morales propone una solución para que los consumidores no tengan que volver a mirar con estupor las noticias que hablan del precio mayorista de la energía eléctrica. «Es curioso porque el precio en Europa ha sido más alto que en España, de hecho bastante más alto. En algún caso hasta es el doble. ¿Pero cuál es la diferencia? Que el consumidor final no es sólo el mercado mayorista, sino que es mucho más que eso. El problema que tenemos en España es que cualquier pequeña variación del mercado mayorista afecta muchísimo al precio final que pagamos en cada una de nuestras facturas porque toda nuestra energía va al mercado mayorista», explica el ingeniero.

Las empresas del sector eléctrico español tienen un inmenso poder sobre el mercado porque son las productoras las que tienen el control de la situación. Esto les permite manejar la situación y el control, aparentando un falso mercado competitivo que en realidad funciona a favor de la gran industria. Toda la energía del país se subasta diariamente, lo que hace más perverso el sistema. Las eléctricas más baratas se aprovechan de este mercado persa. El "zoco" de la energía es rentable incluso ofreciendo la producción a coste cero. Así la industria que la ofrece tiene dos ventajas: puede colocar toda la energía que es capaz de producir y venderla al precio más caro, puesto que se paga siempre al precio de la última industria que cierra el sistema oferente de energía. Así es como se explica puede explicar que la industria se permita el lujo de "vender" su energía gratis. El coste cero euros, es perverso y tramposo, porque en realidad sirve como estrategia a las centrales eléctricas para asegurar que van a poder vender toda su producción. Es decir un coste cero carísimo. Así es como funciona desde hace años. Además, este comportamiento se acentúa cuando el mercado demanda más energía, en invierno, donde las calefacciones o las pocas horas de luz del sol hacen que precisemos más energía. Los países más eficientes no dejan al albur del mercado todo su sistema eléctrico. Se blindan ante la industria y ejercen un control que les permite poner distancia a los abusos y los chantajes de la industria. Por ejemplo, explica Morales, «el precio en Francia ha llegado a ser de 200 euros el megavatio/hora, mientras que en España el precio máximo durante enero ha sido de 100 euros. ¿Pero qué ocurre entonces? ¿Por qué un francés paga menos en su hogar cuando recibe su factura eléctrica? La diferencia está en que Francia sólo negocia una pequeña parte de su energía en ese mercado -aproximadamente el 15%-. Esa es la razón por la que la afectación final al cliente es muy diferente. España lleva al mercado de la energía el 100% de la energía que produce todos los días. En el caso de Francia, sólo es el 15%. El resto de la producción, no. Está fuera. El 85% de su energía no se fija en el mercado marginalista, que es la que marca el precio. El otro 85% está sujeto a un precio que ha sido fijado una vez en el año. Es decir, es como si el precio estuviese precontratado de antemano todo el año», aclara Morales.

¿Cuál es la solución para los expertos?

El precio de la luz necesita dos cosas para no estar sometido al abuso de la compañías eléctricas: estar controlado por otro sistema totalmente diferente y transformar el funcionamiento del mercado para que una gran parte de la energía producida no salga a competir al mercado día a día. La propuesta que realiza Jorge Morales, tras una larga experiencia en el sector, se basa en sacar de las subastas trimestrales gran parte de la energía que hoy se oferta día a día al mercado mayorista. «Para alcanzar un sistema ideal hay muchas cosas que deberíamos hacer. Algunas son muy concretas: las centrales de gas, que bien directamente por ser la energía más cara, o bien indirectamente porque las centrales hidroeléctricas ofertan el agua por sustitución al precio del gas, y que son las que arrojan un comportamiento crítico en la subida del precio de la luz en España, tienen que salir del mercado diario», expone el experto eléctrico. ¿Por qué? Tal y como está el sistema de producción de energía en nuestro país, resulta totalmente ineficiente. En la actualidad, en el recibo de la luz se está repercutiendo un precio por tener centrales que están gran parte del año paradas y que cobran igual por estar ahí, por si acaso, por si se necesitan. Además, de esa ineficiencia sobre el precio, que es directa, hay otra ineficiencia social y medioambiental, porque esas centrales que cobran sólo por estar ahí disponibles para cuando hace falta, son las más contaminantes como las centrales del gas o las térmicas, que queman principalmente carbón. Morales abre los ojos como platos al recordar el coste de esta ineficiencia. «Tenemos que saber que a las centrales del gas les estamos pagando la friolera de 400 millones de euros sólo porque estén ahí, por si acaso las necesitamos. Estas centrales en realidad funcionan muy poco, sólo el 11% de las horas, porque la mayor parte del tiempo están paradas. Algunas, al estar estratégicamente situadas, sí funcionan al 80%, pero otras están totalmente paradas y, por tanto, no producen nada pero cobran igual. Aún así, estas centrales reciben 400 millones de euros. Es decir, cobran sólo por si acaso, por si las necesitamos», insiste con resignación Jorge Morales.

Las consecuencias en el precio de la energía de estas centrales no sólo acaban ahí. Porque además de cobrar por estar disponibles, también cobran por la energía que producen y que venden en el mercado mayorista cuando se reclama su funcionamiento para cubrir toda la demanda nacional necesaria. O sea, a pesar de las pocas horas de funcionamiento al año, cuando funcionan, resultan carísimas. Se aprovechan de la necesidad del mercado porque sin ellas no se puede completar la demanda real de energía del país. ¿Cómo se aprovechan? Subiendo los precios. Siendo más caros que ninguna otra central. «Cuando se las llama, porque son necesarias para completar la demanda, entonces, estas centrales ofertan su precio a 90 euros, que es lo que pasó en enero. Y eso es lo que hace que se disparen los precios. Por tanto, ¿cómo frenar esto? Pues ya que se les paga 400 millones de euros, trabajen o no, en el mismo contrato que firma el Gobierno debería establecerse ya el precio de la energía por el cual se las va a contratar. Así se evitaría que estas centrales pusiesen el precio que les dá la gana”, propone Jorge Morales.

Pero hay más medidas a tomar. Además de poner fin al abusivo comportamiento de las centrales más ineficientes del sistema energético español, hay que actuar sobre otras industrias que aseguran la venta de su producción sin competir realmente en el mercado, ya que ofrecen su energía a coste cero. “Hay que sacar del mercado a todas las centrales que producen energía cuyos costes no tienen nada que ver con los costes marginales. Es decir, en ese mercado ni la nuclear, ni las renovables entrarían. Así, por sí solas, con estas centrales ya tendríamos el 60% de la energía de nuestro sistema. Estas energías también se contrarían por un precio que estaría previamente contratado por contrato”, expone el ingeniero madrileño como medida complementaria para garantizar un precio justo de la energía.

Con las dos medidas propuestas anteriormente por Morales, España pasaría a tener más del 70% de su energía precontratada, apartándola de los vaivenes del mercado que se producen día a día, un comportamiento que es lógico porque el modelo de la subasta es así. La energía, la luz, se vende como si fuera el valor de una acción en bolsa. Tener precontratada la energía causaría un beneficio directo en todas las empresas, ya que podrían ajustar sus costes reales de producción y calcular mejor sus márgenes de beneficio. Para los expertos, la reordenación del sector eliminaría el problema actual. Con estas medidas “el 11% de la generación eléctrica que nos da sustos de vez en cuando, por un lado, y el 60% que reúnen a las renovables y la nuclear, por otro, estaría precontratado de antemano. El precio también se fijaría en una subasta, pero una vez al año o por bienios o trienios. Así sabríamos su precio fijo sin estar sujetos a las oscilaciones de las que se aprovecha el mercado en función de la demanda energética de cada momento. Sólo con esa medida desaparecería el problema tal y como lo tenemos hoy día», insiste Jorge Morales.

En resumen, «en el año 2013 lo que se subastaba en el mercado era el total de la energía. Lo que yo propongo es que el 60% de la energía esté fuera de las subastas trimestrales. El gas se subastaría una vez, todos los años por ejemplo, y se garantizaría sólo ese precio. Las subastas diarias seguirían funcionando como se hacen hoy día, pero sólo irían a la subasta el 30% del resto de la energía que se genera en nuestro sistema», explica Morales.

Hay una tercera medida que el Gobierno puede promover para reconvertir el sector eficazmente. «Fomentar el autoconsumo y dejar a las renovables unas subastas adecuadas. Si hubiéramos tenido muchas más, como la energía solar, en enero no habríamos tenido el problema que hemos sufrido, por ejemplo», argumenta Jorge Morales. Esta opinión entronca con la de Francisco Valverde que desde las redes sociales pide más generación eléctrica renovable. «Yo promuevo un hashtag en Twitter #más10gigassolaresya. Porque hace faltan muchas más renovables. Lo que hace falta sobre todo es más solar. Las renovables en España están súper descompensadas. Los primeros meses del año tenemos una cuota renovable muy buena, pero según pasan los meses, hay menos viento y se suelta menos agua, la cuota de renovables baja. La energía complementaria al viento y el agua es la solar. Eso lo ha visto ya hasta la AIE que es la Agencia Internacional de la Energía», señala Valverde.

Para comprobar la existencia de esta descompensación y que manifiesta que el sistema es mejorable, podemos acudir a los datos de Red Eléctrica Española. En España, en 2016 había instalados 23 Gigavatios procedentes de la energía eólica, 4,7 Gigas en solares de fotovoltaica y 2,3 Gigas de solar de concentración, es decir, son parques que pueden producir energía eléctrica también por la noche. En España las dos solares suman sólo 7 Gigas, que comparado con los 23 de la eólica señalan un desfase muy considerable. «La realidad es que están muy descompensadas. Esos 7 Gigas en verano apenas influyen en el mercado eléctrico. Tendríamos que tener al menos los 23 Gigas que produce ahora la energía eólica para que nuestra cuota de renovables no bajase en picado en verano. Así sí influiría a la baja en el precio. Por ejemplo, Alemania es lo que hace, es decir, tienen más o menos lo mismo de eólica que de solar», compara el ingeniero.

Las renovables ya no son caras frente a las energías fósiles y las más contaminantes

Invertir en energías renovables tiene una gran resistencia en algunos círculos de opinión. Esos sectores, que alumbran la resistencia, sostienen todavía que producir energía mediante las tecnologías renovables son mucho más caras. Pero esta tesis es absolutamente rechazada por los dos expertos consultados en ColumnaCero. «Quien diga que la energía renovable es más cara que las otras alternativas es que vive en el siglo pasado. O, mejor dicho, el que aún dice eso es que se ha estancado en el 2007. Hoy día eso ya no es así. Precisamente, en la subasta que va a salir en el primer trimestre del año nos daremos cuenta. En la última subasta, de hecho, las renovables ofertaron a 0 €, es decir, que pueden ir a mercado perfectamente. Por tanto, la conclusión es que ya no es cara», afirma Francisco Valverde. Jorge Morales coincide también con esta teoría. Las cosas han cambiado favorablemente en los últimos años para las energías renovables, en su opinión. «La energía renovable fue más cara. Ahora ya no. Pero además ha sido así siempre», sostiene Jorge Morales.

Las energías contaminantes producen pérdidas indirectas en la contabilidad nacional

Las energías fósiles, el gas y las térmicas contaminan. La energía nuclear también. Las centrales hidráulicas causan también alteraciones medioambientales importantes en las zonas en las que se ubican. Todos estos factores se pueden calcular económicamente y repercuten en la contabilidad nacional, en algunos casos, la repercusión es social, ya que la contaminación causa graves enfermedades.

La contaminación atmosférica generada por la industria europea produce cada año pérdidas económicas de hasta 189.000 millones de euros, el equivalente al PIB de Finlandia. El 1% de las plantas industriales generan el 50% de la polución y la generación de electricidad con carbón, que sigue siendo la actividad industrial más contaminante. Los datos están recogidos en un estudio elaborado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). El cálculo de estas pérdidas tiene en cuenta las cargas derivadas de la incidencia de la polución industrial en el aire y que incide en la salud de las personas. Así, se estiman los días de trabajo que se pierden como consecuencia directa de las afecciones que se relacionan directamente con la contaminación generada por el sector secundario. También se contemplan los daños causados en los edificios, que se ven dañados sobre todo cuando se mezclan los gases de CO2 y el agua de la lluvia. La merma y calidad en las cosechas es otra de las consecuencias directas.

En los informes de la AEMA se analizan 14.325 plantas industriales, de las que 2.719 están ubicadas en (casi el 20% de la industria de este tipo). España, curiosamente, es el país que más instalaciones aporta al estudio, después de Francia, que cuenta con 2.006 plantas industriales de estas características. La contaminación atmosférica procedente de las mayores plantas industriales generó un coste estimado entre 2008-y 2012 de entre 329.000 millones de euros y un billón de euros para el conjunto de la UE, en términos de daños para la salud de los ciudadanos y el medio ambiente, según consta en este informe.

La central térmica Teruel es una central termoeléctrica, que utiliza el carbón de lignito como combustible y propiedad de Endesa. Esta es la industria española es la más contaminante del país, según este informe. La central está situada en el municipio de Andorra, en la provincia de Teruel. Le sigue la central térmica Litoral de Almería es una central termoeléctrica propiedad de Endesa. En tercer lugar, otra empresa de Endesa, la central térmica Compostilla II es una instalación termoeléctrica de ciclo convencional alimentada por carbón, situada junto al río Sil en el término municipal de Cubillos del Sil, en la provincia de León. La refinería de petróleo de Tarragona, propiedad de Repsol, es la instalación más importante del Complejo Industrial de Tarragona ubicado en La Pobla de Mafumet y figura en el cuarto lugar de la lista. La quinta industria más contaminante es la central térmica de As Pontes está alimentada con carbón y gas natural que se encuentra situada en la localidad de As Pontes, en A Coruña , perteneciente a la empresa Endesa.

Jorge Morales, sensibilizado con este coste advierte de la ineficacia del sector energético del país, que puede apostar más por las energías renovables en detrimento de estas industrias nocivas para el medioambiente y para la salud.

Afirma que un país es dependiente de las energías fósiles el gasto indirecto es mayor. «Si no tenemos en cuenta los impactos sociales y medioambientales que ocasionan las tradicionales que producen 6.000 muertos al año y no lo ponemos en la cuenta de gastos, porque ese gasto va en los presupuestos de Sanidad no tenemos una cuenta real de todo lo que supone», cuenta Jorge Morales. «El carbón será barato, pero tiene costes sociales que no están contabilizados realmente. Lo que estamos viendo ya en todo el mundo es que no es necesario fijarse en estos impactos medioambientales y sociales para batir en precio a las combustibles fósiles. Estamos viendo cómo todas las subastas internacionales la energía solar y la eólica están ganando a todas las tecnologías. Por tanto, ahora ya no tiene sentido negar las renovables», concluye Jorge Morales.

Rajoy invocó a la lluvia y el viento ante la alarma generada por los precios de la energía de la industria española>

El pasado mes de enero, en el programa de radio Más de 1 de Carlos Alsina en Onda Cero, Mariano Rajoy se encomendaba a la lluvia. Hizo del hombre del tiempo y anunció. «Va a llover y eso va a dar lugar a una bajada». Rajoy se excusó con un «no todo en esta vida depende del Gobierno» para justificar que su ejecutivo no podía hacer nada para controlar el precio de la luz. Afirmación que manejó cinco días antes de premiar al ex director de la guardia civil y sin ninguna experiencia y conocimiento del sector eléctrico, Arsenio Fernández de Mesa, con un puesto en el consejo de administración de Red Eléctrica. Encomendarse a la lluvia para dar explicación económica a la bajada del precio de la energía eléctrica causó estupor en los diputados de la oposición. Tanto es así, que Melisa Rodríguez, de Ciudadanos, propuso durante la comparencia del ministro Nadal que «todos los diputados hagamos al salir de esta sesión una danza de la lluvia para atender a las peticiones del presidente del gobierno».

Al margen de explicaciones tribales, y más propias de chamanes, el razonamiento de lo sucedido en las últimas semanas está en otro tipo de comportamiento. ¿Es lógico el comportamiento de los dos últimos meses? «Lo que no es normal es que el precio de la luz haya pasado en diciembre de 60 euros a más de 70 euros en enero con prácticamente las mismas renovables. Es decir, subió el precio un 16% sin ninguna modificación en la producción de la energía», señala Morales. Francisco Valverde va a más allá. La repercusión del mercado mayorista durante el mes de enero ha sida tan extraordinaria que ha marcado un récord abusivo para el consumidor. «La factura del mes de enero ha sido la más cara de la historia, de todas las facturas que hemos recibido. Y es curioso, porque este febrero, a pesar de que ha bajado mucho respecto al mes anterior, la factura de febrero se ha reducido un 26,2% con respecto a la de enero, pero si la comparamos con la media de otros febreros la factura es un 13,4% superior», según ha podido observar Valverde tras realizar un seguimiento diario del precio de la energía. Pongamos un ejemplo para entenderlo de forma práctica. «Para un consumidor de 4,4 kW de potencia contratada y un consumo anual de 3.500 kWh. El coste de su factura de enero fue 73,9€, la factura de febrero (calculado hasta el día 23 de este mes) suponen 65,1 €, cuando el coste de la factura media de los 3 últimos febreros fue de 57,4 €», apunta con los datos exactos más recientes Valverde.

Ante la alarma social es necesaria una buena información, pedagogía, control y hacer números

A pesar de estos ejemplos tan claros y de que la realidad es que la luz estos días está costando mucho al bolsillo de los españoles, algunos expertos también insisten al mismo tiempo en que no se puede generar un estado de alerta general en torno a la electricidad. El sistema eléctrico español y cómo se fija el precio es demasiado complicado como para hacer batalla en solitario, sin tener realmente un conocimiento profundo y detallado de las opciones de contratación. Se puede correr el riesgo de tomar una decisión peor, si el usuario no está bien informado o asesorado. En estados de alerta el remedio puede ser peor que la enfermedad, ya que bajo este escenario las grandes empresas se aprovechan de la ignorancia o de la preocupación de los clientes, en busca de cazar una oferta mejor, que puede esconder otra realidad.

Las compañías eléctricas a través de sus comercializadoras son las encargadas de ofrecer a los usuarios el contrato de la luz. Hay otras comercializadoras más pequeñas que también ofertan precios minoristas y que buscan captar su mercado.

Actualmente, un usuario medio puede contratar la luz a una comercializadora de varias formas. «Con una tarifa determinada y con un modelo de contrato que puede ser el del mercado libre o el indexado, es decir, variable. Si opta por el modelo del mercado libre a precio fijo, puede contratar la tarifa eléctrica con discriminación horaria o no. La de discriminación horaria tiene dos precios, en función de si el consumo coincide con la hora valle o la hora punta. En verano la hora valle es entre las once de la noche y la una de la tarde. El resto del día se considera hora punta. En horario de invierno, las horas valle comienzan a partir de las diez de la noche hasta las doce del mediodía, siendo el resto de las horas, entre las doce del mediodía y las diez de la noche hora punta. El modelo sencillo, sólo tiene un precio para cualquier hora», explica Pablo Valcárcel, broker energético y propietario de la empresa gallega Valmy Atlántica con sede en A Coruña. «Lo que se llama tarifa indexada a mercado -añade Pablo Valcárcel- es la tarifa del gobierno, es decir, la que tarifica en función de las horas. Son dos mercados que funcionan de forma diferente y que tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. En el precio fijo se negocia con la comercializadora un precio y se respeta durante doce meses un único precio las 24 horas del día. Este modelo también es el que conocemos como el de mercado libre, porque el usuario puede tratar de pactar con diferentes comercializadoras diferentes precios. El PVPC, es el modelo por horas, que tiene en cuenta el mercado mayorista de electricidad y es como meterse en bolsa. Es el que tiene en cuenta las cotizaciones diarias que fija el mercado, en las que se aplican unos valores que varían cada mes y cada día. En ese mercado, se hace una media ponderada, que es el precio que se cobra ese día», explica Pablo Valcárcel y añade que «el precio fijo está fuera de esos vaivenes del mercado», según matiza el broker eléctrico. Tanto en el mercado libre como en el mercado indexado se puede contratar la tarifa 2.0DHA, o de discriminación horaria. «Es una tarifa que tiene un precio valle para el horario nocturno y siempre es ese precio valle durante ese tramo, y otro precio punta que se aplica el resto del día y que es más caro que durante el horario nocturno. En el indexado la factura es diferente cada mes», explica Pablo Valcárcel.

precios de la factura doméstica desde 2014
Esta gráfica muestra los precios de la factura doméstica desde 2014. Está actualizada hasta el día 21 de febrero de 2017. Se puede apreciar el subidón de enero y la bajada del mes de febrero. (Pincha en la imagen para agrandarla)
Autor: Francisco Valverde Sánchez / @FranValverdeS

En opinión de Francisco Valverde, el sistema de tarificación ideal para un consumidor medio es el de discriminación horaria o 2.0DHA. El analista está preocupado con la situación actual porque cuando se habla tanto de la subida del precio de la luz suele convertirse en realidad el refrán de a río revuelto ganancia de pescadores. «Si a la gente se la alarma diciendo que el precio en un momento puntual es muy caro, seguramente muchas personas que estén ahora en el sistema de PVPC se cambiarán de comercializadora. La inmensa mayoría lo harán hacia las grandes compañías y a mercado libre donde se les cobra hasta por respirar. El precio suele ser más alto por la potencia contratada, los servicios adicionales que ofrecen y que no se necesitan y, a veces, incluso por la energía consumida. Es decir, el usuario se cambia pensando que ha hecho un gran negocio, y que va a ahorrar, y la realidad es que va a cambiar para a menudo pagar más», avisa Francisco Valverde. «El PVPC tiene unos márgenes muy ajustados y es la mejor opción para un consumidor doméstico. A pesar de que algunas veces tenga precios mayores, la media del año corrige esa subida. Por tanto, es dónde mejor puede estar un consumidor doméstico «estándar»». Por tanto, el usuario que no esté bien informado, que no quiere estarlo o que no entiende su factura, la mayoría, son «carne de cañón». Por otro lado, puntualiza que en el modelo variable o indexado al margen del precio que se subasta cada día en el mercado mayorista se añaden otros conceptos regulados en la factura que paga el usuario.  

Por ejemplo, en estos momentos podemos encontrarnos con un anuncio en prensa y en televisión encargado por una de las grandes eléctricas del país. La campaña se lanza con el siguiente reclamo: «La primera tarifa en la que tú decides las horas en las que no pagas por tu consumo de luz. Consume luz a cero euros». La campaña sigue informando que el resto del tiempo le cobra al usuario un fijo que garantiza que su factura no tendrá altibajos. «La realidad es que si cambias te sale ruinoso», advierte Valverde. La técnica de marketing de la compañía trata de disfrazar una tarifa que puede parecer ventajosa, pero que en realidad inclina al cliente a elegir el mercado libre, en donde el precio es el más caro cuando se hace el cálculo total. «Camuflan esa tarifa en discriminación horaria cuando en realidad vas a pagar el precio KWh a 14 céntimos y un sobrecoste en la potencia de 2€ por cada kW contratado. Si el precio medio en enero fue 12 o 13 céntimos en una tarifa con discriminación horaria, con la oferta que proponen le están sacando 1 o 2 céntimos más a todas las horas del día y durante todo el año. Por tanto, la factura anual sale cerca de 55 a 100 euros más», calcula el analista eléctrico. 

Diferencia del precio mayorista de electricidad de 2017 con respecto al 2016 y la media de los últimos 3 años para el mismo mes
El precio regulado (PVPC) a pesar de marcar estos meses unos valores altos. Sigue siendo la mejor opción para el consumidor ya que en el global del año tendrá un precio muy ajustado y no te pueden meter subidas ajenas al mercado o las establecidas por el estado, como si sucede en el mercado libre, sobre todo en las grandes compañías, en las que la gran mayoría de consumidores que están con estas compañías están pagando bastante más que con los precios actuales de la tarifa regulada (PVPC). (Pincha en la imagen para agrandarla)
Autor: Francisco Valverde Sánchez / @FranValverdeS

De ahí que haya que tener cuidado con las campañas de las comercializadoras. La conclusión es que «se están aprovechando de este alarmismo para sacar más provecho, apoyándose en esa sensación de que está todo carísimo. Pero la compañías en ningún momento te dicen que es la mejor tarifa del mercado. Juegan con el sentimiento de la gente», advierte el analista madrileño. 

Para que el precio de la luz sea justo debe abrirse paso a más renovables

Jorge Morales, miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, hace hincapié en el cambio de mentalidad urgente y a realizar una nueva confección del sistema, en donde el peso de las energías renovables tiene que ser mucho mayor que en la actualidad. «La realidad es que tendríamos que acostumbrarnos a tener muchas más renovables, porque cuantas más renovables tengamos más energía podremos consumir. Habría que concentrar el consumo en las horas donde hay más viento y más sol hace. Pero alcanzar máximos históricos por una pequeña variación es un defecto del mercado que se debe corregir con medidas», insiste Morales convencido de que se puede y debe sacar del mercado de la energía más del 70%.

Pero el problema del control al sistema competencial del sector eléctrico español es más amplio y profundo. «En mi opinión -comenta Francisco Valverde- nuestros políticos se escudan en que no sospechaban que pudiese haber un boom de las renovables cuando pusieron esos precios. Se puso un cupo y la realidad es que se superó diez veces ese cupo. Es decir, hubo una previsión y se superó 10 veces esa previsión. La ley no puso ningún tope a las primas», lo que explicó en un primer momento que la apuesta por las renovables se diseñó mal y causó la sensación de que las energías renovables resultasen caras. La chapuza fue tan grande que el gobierno, con la crisis, castigó el sistema de primas eliminándolas causando pérdidas ruinosas entre aquellos que invirtieron tarde en el sector renovable. El diseño del sistema también había sido ruinoso para el Estado en un primer momento. La mala imagen sobre el coste de las renovables se extendió en el peor momento, ya que cuando la tecnología comenzaba a ser más eficiente la inversión en renovables se estancó. Los fondos de inversión interesados en invertir en estas energías salieron de España y buscaron otros mercados en los que poder invertir.

El gobierno aprobó el 9 de octubre de 2015, siendo Jose Manuel Soria ministro de Industria, el esperado Real Decreto sobre autoconsumo eléctrico y que llevaba años metido en el cajón de varios ejecutivos. El sector de las renovables esperaba desde el gobierno de José María Aznar la regulación del sector mediante el desarrollo del Real Decreto. No ha sido hasta el gobierno de Mariano Rajoy cuando el reglamento vio la luz del día. Soria vendió aquel logro como una forma de «impulsar la generación distributiva y darle un impulso a la utilización de energías renovables», según explicó a los medios de comunicación para presentar el nuevo decreto ministerial. Pero, la realidad es que que desde su salida ha recibido críticas porque en la práctica no facilita la implantación de sistemas de autoabastecimiento energético. El Real Decreto de Soria se ha bautizado como el del "impuesto al sol". En opinión del sector renovable esta no es la mejor forma de incentivar la implantación de tecnología renovable de autoconsumo porque se penaliza la inversión en lugar de fomentarla. «Al autoconsumo no hay que estorbarlo, hay que incorporarlo con racionalidad, con reflexiones sensatas, con mesura y con rigor», dijo en 2015 José María Quemada, presidente de la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia (CNMC). Este real decreto, en vigor en la actualidad, propicia el autoconsumo pero tiene un coste para el promotor. El autoconsumidor no tiene que pagar por el importe de la energía, ni los impuestos, ni los peajes, siempre que la instalación no esté "enganchada a la red", pero sí que tiene que contribuir como cualquier otro consumidor a los costes de partidas como el sistema eléctrico, el déficit eléctrico acumulado, los gastos extrapeninsulares, los incentivos a las renovables y los pagos por capacidad. Por eso, se dice que el Real Decreto propicia un impuesto al sol. Para justificar el peaje, el ministerio comunicó en esas fechas que «en el supuesto de que los consumidores no contribuyeran a estos costes del sistema, estos deberían repartirse entonces entre el resto de consumidores que no autoconsumen, elevando así su factura, situación que sería injusta, puesto que los costes generales del sistema nada tienen que ver con el hecho de que se esté autoconsumiendo o no y regresiva ya que serían los consumidores más vulnerables los que tienen más dificultades en autoconsumir», explicó en un comunicado el ministerio de Industria.

El entramado de la factura de la luz

¿Puede en realidad el gobierno hacer algo para que baje el precio de la luz? Los expertos creen que sí. No sólo con las medidas ya propuestas anteriormente sacando el 70% del mercado y precontratando el precio. Hay otros de acción directa en la factura. El primero es el término fijo de potencia. En opinión de Valverde, el consumo no resulta tan elevado al compararlo con los costes fijos. «Hoy día no se ahorra ahorrando energía, es decir, apagando la luz. En España en este momento es una bestialidad lo que pagamos por el fijo de la luz comparado con otros países del mundo. En ningún sitio se paga tanto como aquí sólo de fijo, que es lo que hace altísima la factura de la luz”, explica rotundo. «Estamos pagando -continúa- el porcentaje de fijo más alto del mundo, que incluyendo impuestos es un 40%. De una factura media anual de 800 euros, si lo desglosamos por impuestos, el fijo supone, al menos, un 40% de la factura. Y aún queda un 60% donde poder actuar. Pero de ese 40% de la factura, aunque no conozco el mundo entero, ponga la mano en el fuego que es el más alto del mundo. En ningún sitio se paga tanto de fijo como aquí, en porcentaje», sostiene Valverde.

En la factura eléctrica que pagan los consumidores se incluyen hasta 15 conceptos diferentes, entre impuestos, déficit de tarifa, centrales que están disponibles aunque no se usen..., etc. Sólo un 40% de la factura se corresponde con el consumo real de los usuarios.

Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, en plena alarma social por la subida del precio de las eléctricas negó que su comportamiento fuese un fenómeno «extraordinario, ni récord». El 26 de enero compareció en el Congreso de los Diputados en la comisión de Energía en donde quiso calmar a los diputados asegurando que «la subida es puntual» y desmintiendo que «no es histórica» para justificar después que «ya está bajando». Además rechazó hacer una auditoría externa a las eléctricas, acogiéndose a que el trabajo realizado por el anterior ejecutivo del PP en 2013 sirvió de base para la reforma energética fue «increíble» e impidió que el recibo de la luz «aumentara un 40%». Estas palabras, Valverde las desmitifica. «Cuando Nadal dice que se hizo una auditoría, yo no sé quién la hizo. En caso de que se hiciese no se ha hecho pública esa auditoría, o por lo menos no se han dado los datos. Supuestamente, todos los años hay que cuadrar el presupuesto de la producción de energía. Supuestamente esos presupuestos deberían cubrir todos los gastos. Y supuestamente estos gastos deberían estar auditados. ¿Alguna vez se ha visto alguna? No. El tema transparencia en el tema de la energía es cero y si miramos la transparencia de la electricidad yo diría que es negativa. Por tanto, habría que ver si es cierto que el déficit tarifario, por ejemplo, es todo el que se debe realmente porque igual no es así», sentencia Francisco Valverde.

El actual ministro de Energía, Álvaro Nadal, aseguró el 6 de febrero ante el incontrolable ascenso de los precios de la luz que «los españoles se tendrán que acostumbrar a precios más altos (de la energía) en momentos determinados», escudándose en los factores meteorológicos como la causa de la subida de los precios de enero y febrero. Además, Nadal defendió el actual sistema, aprobado en 2013, basándose en que la parte fija de la tarifa que pagan millones de hogares -equivalente a un 60% del coste total del recibo- va a permanecer congelada hasta el año 2020, que en su opinión sirve para «amortiguar» los vaivenes que puedan producirse en el mercado mayorista.

Pero la factura de la luz que llega al consumidor esconde muchos conceptos que no sabe o no es consciente que está pagando. Por ejemplo, el déficit tarifario. «Sólo el déficit tarifario es ya el 8% del recibo de la luz. Es un peaje que está calculado y que se le ha reconocido a las eléctricas. Este problema lo hemos heredado porque durante años los gobiernos no quisieron subir el precio de la luz. Sin embargo, a las eléctricas se le estaban reconociendo más ingresos de los que realmente estaban teniendo. Al final, eso se ha convertido en una bola de nieve superior a los 40 millones de euros. El déficit de tarifa, que pagamos en nuestras facturas todos los meses, es una hipoteca que ha firmado el Gobierno en nuestro nombre. La discusión es si ese dinero es o no razonable. Pero lo cierto es que el déficit tarifario está aprobado en el BOE y difícilmente se puede hacer algo. La suma de todos los costes del sistema, renovables, nuclear, fósiles, pagos al gas por estar paradas mientras no se usan… todo eso es el déficit de tarifa. Eso fue ocurriendo durante muchos años. Ahora pagamos de cuota de esa hipoteca 3.000 millones de euros cada año, es decir, el 8% del recibo. Y eso es una barbaridad. O sea, que alguien ha firmado una hipoteca por nosotros. Es como si hubiésemos financiado el recibo de la luz pero sin haberlo pedido porque alguien lo había firmado para nosotros. Y esa hipoteca terminará en el año 2032, dentro de 15 años aproximadamente desaparecerá de nuestra factura», recuerda Jorge Morales.

Todos los conceptos que incluye la factura de la luz

Los costes regulados, es decir, los que fija el Gobierno suponen el 60% de la factura eléctrica. Una gran parte de estos costes se pagan de todas formas, es decir, aunque el consumidor tenga desconectada la luz en ese domicilio. En la factura, aparecen los llamados peajes de acceso. ¿Cuáles son? El llamado término fijo de potencia, por un lado. Y la parte variable, por otro. Esta segunda parte, es lo que consumimos realmente en cada período, lo que realmente enchufamos a la corriente.

En el término fijo de potencia hay muchos costes incluidos. En total, 17. Los perceptores de cada trocito del pastel son los siguientes:

1) Red de transporte y distribución, a través de la cual se paga el mantenimiento del tendido eléctrico, los transformadores y toda la infraestructura que se necesita para que la luz llegue a cada contador.

2) Pérdidas en la red. Cuando se transporta corriente eléctrica por los cables de alta tensión hay pérdidas de energía, por la resistencia de los cables o porque hay «usuarios» que se conectan «gratuitamente» a la red -una farola por ejemplo-. Entonces, para que el distribuidor envíe los kw contratados realmente, éste, para garantizar que llega realmente lo contratado envía por la red más energía. Ese sobrante, también lo cobran en la factura.

3) Financiación a los operadores. Es lo que cobra Red Eléctrica Española como operador del sistema por hacer posible que llegue la electricidad a casa, empresas y negocios. También se pagan los costes del Operador del Mercado Ibérico, es decir, el encargado de organizar las subastas de la energía o también conocido como pool mayorista.

4) El servicio de interrumpibilidad. Este es el coste del por si acaso que nos enchufan en la factura. Se paga para compensar a la industria por si esta no es suficiente para atender toda la demanda energética nacional. Red Eléctrica tiene la posibilidad de solicitar a grandes consumidores que paren su producción. De esta forma, se pretende evitar que la demanda nunca sea superior a la oferta y evitar el riesgo de que se produzca una avería en la red por la incapacidad de soportar toda la demanda. A cambio, las empresas que forman parte de este círculo reciben una compensación que se valora en 500 millones de euros al año, aunque Red Eléctrica no haga uso de ese derecho. De hecho, desde 2009 no ha habido nunca una interrupción. Los críticos con este peaje eléctrico sostienen que es una subvención encubierta que recibe la industria.

5) Los servicios de ajuste. Este es otro coste que recibe el organizador del mercado mayorista. Todos los días se realiza la previsión de la oferta y demanda de energía que necesita el país. Esta previsión va a cargo de Red Eléctrica Española. Pero es una previsión, no la realidad. Por tanto, todos los días, esas previsiones necesitan un ajuste. Ajustar la previsión a la demanda real también tiene un precio.

6) Bono social. El derecho a que los consumidores con menos recursos económicos o con situaciones especiales paguen una factura más barata, o sea, con un descuento especial, es un precio que no asumen las eléctricas. Una vez más son los otros consumidores los que con su factura sostienen los precios rebajados que disfrutan los beneficiarios del bono social. El bono social lo aprueba el Gobierno. Pero no necesariamente es recibido por familias con dificultades económicas, porque, por ejemplo, una familia numerosa tiene derecho al bono social. El descuento que reciben es del 25%. Desde noviembre del año pasado el Gobierno restringe el bono social en función de la renta de los hogares. Hasta hace tres meses el bono social lo disfrutaban en España más de 2,4 millones de hogares.

7) Incentivos al carbón nacional. Este es el coste que pagamos por las centrales térmicas. Con él se sostiene la minería de carbón.

8) Costes de transición a la competencia. Desde 1997 se ha liberalizado el sector. Como compensación a las eléctricas que perdían el monopolio se está compensando a las empresas con otro peaje que pagamos los españoles en la factura todos los meses. Supuestamente, se paga el peaje porque las eléctricas alegaron que habían realizado inversiones millonarias que tenían que ser amortizadas. Con el mercado libre dijeron que las cuentas no les salían y el gobierno consintió a los plañideros. La realidad, tras años de canon, es que las eléctricas con el mercado libre siguen ganando más dinero y no se han demostrado tales pérdidas. Por este canon hay una denuncia presentada en la fiscalía anticorrupción por 3.400 millones de euros que el estado Español se olvide de reclamar a las compañías eléctricas. En 2014, el plazo para solicitar la devolución a las eléctricas por las sobrerretribuciones ha prescrito legalmente. Según la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, este «olvido» del Gobierno supone el mayor caso de corrupción del país.

9) El déficit de tarifa. Es uno de los costes más conocidos por ser uno de los mas mediáticos. Supone otra hipoteca más en el recibo de la luz. Este cose, invisible en la factura de cada mes, nace por la decisión de gobiernos anteriores de congelar el recibo de la luz. La industria ha reclamado el derecho a cobrar años de congelación y con intereses. La deuda reclamada por la industria eléctrica es monstruosa y en realidad opaca porque nadie sabe realmente si esa deuda es real y está bien calculada. Pero se paga. Ahora, esa deuda ya no se debe a las eléctricas, ya que la han cobrado por anticipado al titularizarla con un banco que es la que recibe ahora, con intereses y hasta más allá del 2030, su trocito del pastel de la factura de la luz.

10) Las primas a las renovables. Incentivar la implantación de energías renovables tiene un precio. Al ser una tecnología en desarrollo, el gobierno decidió pagar un incentivo por ellas que las nuevas instalaciones ya no reciben.

11) Pagos por capacidad. Este es otro peaje del por si acaso. Va destinado a las centrales de ciclo combinado, es decir, a las del gas, que además son las que ofertan al precio más caro del mercado cuando se demanda su producción. Estas centrales se encienden o apagan a demanda. Es decir, inmediatamente. Sólo cuando hacen falta. Cuando el viento, el agua y las centrales nucleares no llegan, entonces hay que pedir a las centrales de ciclo combinado que se pongan a trabajar. Estas centrales, cobran un incentivo adicional al que obtienen de la subasta por estar disponibles. El consumidor debe saber que estas centrales son carísimas porque algunas de ellas sólo trabajan diez días en todo el año.

12) Margen de comercialización. Es un precio no regulado. Este depende de cada compañía comercializadora con la que hayamos contratado nuestro servicio eléctrico. Es la comisión que se lleva la empresa que comercializa la luz, que en muchos casos, coincide también con la distribuidora. Hay dos formas de cobrarnos este margen: o bien en el consumo, es decir, en el precio por kw/hora, o bien, en el coste fijo del término fijo de potencia que hemos contratado.

13) El alquiler del contador. Suena casi decimonónico, pero está en la factura y lo llevamos pagando toda la vida. Normalmente, el contador no es del consumidor. Es de la compañía eléctrica. Por ese contador cobran un euro al mes.

14) El impuesto eléctrico. Es concretamente, el 5,113% de la factura. En realidad es más. Porque sobre ese impuesto hay que sumar otro impuesto que sí se ve, el IVA del 21%, por tanto, los 5,113% se eleva al coste total de la factura un 6,19%. Este es un impuesto que ha fijado el gobierno para pagar de forma encubierta la subvención que recibe la industria del carbón.

15) El IVA. El tipo marginal es el 21%. Sería bueno recordar que todos los costes invisibles que van implícitos en la factura y que forman parte de los servicios de la industria eléctrica, todos, a su vez, antes de llegar a la factura del consumidor ya han cobrado previamente su IVA al tipo del 21% también. Por tanto, el coste real del IVA por el servicio de la luz que lleva al Gobierno es mucho más del 21% que pagamos cada mes. Aunque hay voces que consideran que el IVA es un bien de primera necesidad y que el gobierno podría reducirlo a otros tipos marginales, en realidad, no es posible. «No se puede modificar. Todos los tipos relacionados con la luz van al 21%. Este es un impuesto que viene determinado por la Unión Europea y están definidos en una directiva que no se puede cambiar», aclara el profesor de derecho tributario de la Universidad de A Coruña, y especialista concretamente en materia de IVA, Carlos Morato.

16) Moratoria nuclear. Se pagó durante 20 años en nuestra factura y hasta 2015. A los españoles le ha costado 6.000 millones de euros y que se ha pagado como si se tratase de otra hipo sobre la luz como indemnización a las empresas eléctricas para que paralizasen la construcción de centrales nucleares. A los consumidores, ese acuerdo nos supuso un canon fijado por el gobierno.

17) Compensación extrapeninsular. Este coste ha sido eliminado de la factura en 2015 por el Real Decreto 738/2015. Hasta esa fecha, por solidaridad con las Islas Canarias y las Baleares se pagaba un precio añadido ya que producir energía eléctrica para las islas resulta más caro. El sobrecoste lo pagaban todos los consumidores del país.

¿Es posible que España sea 100% renovable?

El ingeniero Jorge Morales urge al gobierno y a la industria para que se den los pasos definitivos para converger al cien por cien de la energía renovable. «Lo que hay que hacer en el país es dar entrada ya a las renovables porque la energía solar y la eólica son las dos tecnologías a escala internacional que compiten sin necesidad de ningún tipo de prima o ayuda. Además, de no tener ningún impacto medioambiental como las otras energías que sí tienen costes sociales. Está demostrado que las renovables deprimen el mercado de la energía. Eso produce por efecto dominó una consecuencia muy positiva ya que abarata el recibo de todos los consumidores», asegura el experto en energías renovables.

La solución para los expertos es clara. La factura será menor cuantas más renovables convivan en el mercado. por tanto, España tiene que tener más energía renovable disponible. ¿Pero es posible? Los expertos afirman que sí con rotundidad, pero con tiempo. «El país puede ser 100% renovable, sin ninguna duda», confirma Jorge Morales. «Con sol y viento solo no», matiza el ingeniero. Morales asegura que «la hidroeléctrica es gestionable. También la biomasa. Por ejemplo, en Galicia tendría un desarrollo enorme si se utiliza la poda de los bosques para luego evitar que el monte se queme en verano. Así se aprovecharía esa energía para producir electricidad. El biogás también es gestionable. En el sector de la ganadería se podría utilizar perfectamente. La energía del mar es más discutible, por ahora. Están avanzando mucho. La eólica offshore se está acercando a precios muy competitivos, casi tanto como los de la eólica en tierra que junto con la solar bate ya a las energías fósiles. La offshore está en la senda de ser igual de competitiva. La fuerza de las olas o las diferentes temperaturas de las corrientes marinas están todavía en fase de desarrollo, pero serán una alternativa. La único diferente con otros países europeos con la energía offshore es que en España nuestro mar tiene mucha más profundidad que los del mar del Norte o el Báltico, por lo que los costes de instalación son más caros aquí», cita Morales.

Jorge Morales recuerda que «El 42% de la energía eléctrica que producimos en nuestro país ya es renovable. Por tanto, hay un 58% que no lo es». ¿Hay fecha para que nuestro país llegue a ser 100 por 100 verde? Morales tiene la respuesta. «Nosotros, las asociaciones y las fundaciones que trabajamos en esto, calculamos que una transición razonable podría llevarnos 30 años para alcanzar un 100% renovable para todo el consumo de energía. Eso sería entorno al año 2050», vaticina Jorge Morales. Pero avisa. «Hay que ponerse las pilas», para que a España no le pase el sol por la puerta sin aprovecharse de la rentabilidad de esta fuente de energía barata y limpia.

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